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Primavera / Otoño

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Mi añorado Enero:

¡No sabes cuánto te extraño! Marzo no me ha gustado para nada, ha sido un mes como raro, no sólo porque he tenido más trabajo del que puedo hacer y el tráfico de mi ciudad cada vez esta más insoportable, sino porque ha sido una sucesión de días extraños, como dice mi querido Murakami “Salvo por el clima, un día apenas se diferenciaba del otro”, Caracas se cree Londres y le ha dado por robarnos El Ávila, su majestuosidad y su color; necesito ir a la playa, extraño sentarme a contemplar El Caribe sin ninguna preocupación más allá de retener el mar en mi mirada.

Hoy la mitad del mundo celebra la llegada de la Primavera, la otra mitad le da la bienvenida al Otoño y como yo estoy en el Norte del Sur disfruto por igual las flores como las hojas amarillas, el viento suave y el calor del sol. Esta mañana la dulce Nayjand me regalo las flores amarillas que acompañan este post, Claris en su #Militeratura escribía que “Las mujeres esperamos con ansia la primavera porque sabemos el dolor que deja el invierno” y yo me atrevería a agregar que también esperamos el Otoño porque conocemos la sequía que puede dejar el verano, y  la bella Aglaia me decía que “hoy es un dia muy hermoso, vamos a celebrar nuevos comienzos, renacimiento, la vida creativa” y como fuiste un gran comienzo de 2012 hoy me provoco escribirte que te extraño.

¿Por casualidad no tendrás un hermano gemelo que odie las palabras hechas y las formalidades? Que quiera compartir en silencio la lectura de un libro, disfrutar el sonido del viento en las hojas de los árboles, oír el ruido de la ciudad apagándose en la noche… Se me antoja que tu hermano se llame “Abril” y cuando lo encuentre creo que se oirá bien esta música de fondo: http://ow.ly/9LN8q

Una vez más, gracias Enero… Por ser parte de la Primavera de mi vida…

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Sputnik, mi amor

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Sputnik, mi amor

Creo que ya todos saben que Haruki Murakami es de mi autores favoritos, ya he hablado de él otras veces en este Blog y ahora les quiero hablar de Sputnik, Mi amor. Del Libro sólo les diré que se parece a lo que escribe Murakami es una historia triste sobre personas solitarias que escuchan buena música y hacen de los libros sus grandes compañeros.

También les puedo decir que Sputnik es el primer satélite artificial lanzado al espacio, en el lejano Octubre de 1957 los rusos lo enviaron al espacio como parte de su programa espacial Sputnik (en el Sputnik 2 iba la famosa perra Laika), una de las traducciones que se le da a “Sputnik” es “compañero de viaje” y dicen que Murakami escogió ese nombre para su libro porque los personajes son unos seres solitarios que andan vagando solos por el mundo, como satélites, pero por momentos coinciden y se acompañan por un trecho del camino para amainar la soledad. 

Yo ya tengo una historia con los satélites, en 1998 mi novio de ese momento me regalo el libro con que Lucía Etxebarria se había ganado ese año el premio Nadal de novela, “Beatriz y los cuerpos celestes” una historia de amor muy femenina (incluso hay quien la incluye como un relato “homoerótico”) que es uno de mis libros preferidos en la vida, cuenta la historia de tres chicas y su experiencia con el amor, yo tenia 19 años y debo reconocer que fue una lectura que me marco. En este libro leí por primera vez de la “Órbita Cementerio” y quede fascinada con ese lugar y con los satélites (esos pedazos de metal a los que casi nunca le paramos); así que indague un poco más sobre ella y ahora sé que la “Órbita Cementerio” es ese lugar donde van a parar los satélites que ya no son útiles y que deben ser desechados, es ese lugar donde va a parar la “basura espacial”, después de ser tan importantes y de que todo el mundo este atentos a ellos, los satélites artificiales terminan sus días flotando en un espacio que la mayoría de la gente ni sabe que existe. ¡Que triste destino!

Siempre he sentido atracción por las cosas del espacio, siempre dije que quería encontrar una persona para quien fuese el Sol y no simplemente un planeta, pero algunas veces en mi vida (las menos afortunadamente) me he sentido un satélite, sobreviviendo más que viviendo, girando con rumbo acompañada pero sin compañía, acercándome de vez en cuando a la Órbita Cementerio pero regresando nuevamente a mi órbita natural, de vez en cuando me he encontrado con otros satélites, y también en ocasiones he visto satélites partir. Hace un tiempo escribí que de Murakami había aprendido que “hay historias de amor inclusas, que son maravillosas y que aún amando “el recuerdo de alguien” te puedes volver a enamorar y eso no significa que te olvidaste de ese amor que simplemente no fue”, alguno de esos amores inconclusos se quedan orbitando a nuestro alrededor, algunas veces hasta nos rozan, otros ni siquiera sabemos que orbitan cerca de nosotros, pero seguramente todos nosotros tenemos en nuestras vidas a alguien a quien llamamos o quien nos llama “Sputnik, mi amor”.

Bogotá, una “cálida” ciudad gris

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En octubre de 2009 visite Bogotá con Iván y unas amigas para asistir al concierto de Depeche Mode, esa ciudad era el destino más cercano que tocarían en su gira por este lado del mundo; en ese primer viaje, la ciudad no me gustó mucho, me pareció una ciudad “gris” donde todas las mujeres (hermosisimas, valga decir) se vestían exactamente igual, su vigilancia y su extremo cuidado con la seguridad me parecían una exageración, para una mortal como yo que no tiene idea de lo que es vivir en un país con historias de bombas y terrorismo a la vuelta de la esquina, pero la amabilidad y simpatia de su gente me dejaron con ganas de volver.

Con motivo de un Seminario que se dictaría para los gerentes de Latinoamérica por parte de la sección de negocios internacionales de la firma en que trabajo, me toco visitar Bogotá en septiembre pasado; era mi primer viaje al extranjero “sola” así que debo reconocer que estaba un poco nerviosa, además ibamos a una ciudad un tanto díficil según lo que la historia nos cuenta.

Como se nos ha hecho costumbre a los venezolanos cada vez que nos toca salir del país, llegue al Aeropuerto Internacional de El Dorado con mi maleta cargada de “cositas venezolanas”; para los amigos de allá, ron y chocolate, para los de aquí que se fueron, Diablitos, Pirulin y Toddy; primera sorpresa en el Aeropuerto, los funcionarios de Migración nos reciben con la amabilidad de quien sabe que el turismo es progreso y que Bogotá debe y quiere limpiar su imagen de ciudad violenta.

No tuve mucho tiempo de pasear, el curso ocupo completamente mis días y sólo pude tomarme breves momentos para saludar a los amigos y comprar algunos regalitos con el miserable cupo en dólares que me dío Cadivi; en un lugar lleno de latinoamericanos hablé mas de Chavez que de Impuestos; viendo Bogotá con nuevos ojos debo reconocer que me fascino, me encontré con una ciudad limpia, amable con sus ciudadanos y con sus visitantes; la cultura y la calidad del servicio me dejaron gratamente sorprendida; podría contarle varias anécdotas, pero solo me detendre en una de las que más me gusto: en el hotel donde estaba hospedada (uno de los más exclusivos de la ciudad) TODAS las ascensoristas tenían un libro y se me hizo común conversar con ellas sobre lo que estaban leyendo: El Gabo, Virginia Wolf, Daniel Samper; un día mientras tomamos el ascensor para ir a comprar libros (los 500 dólares de mi tarjeta desapareciendo en dos visitas a las librerías), voy conversando con un muy querido amigo chileno (de esos que la distancia siempre mantiene cerca), quien me había pedido que lo acompañara a comprar libros y discos, hablábamos de libros y una amabilísima “doña” colombiana nos recomendo comprar algún libro de Haruki Murakami, sorpresa para mí ¡Las doñas bogotanas leen a mi Murakami! y desde entonces, me declaré enamorada de Bogotá, de su gente, de su acento y de sus calles… Especialmente de sus calles…

#30 Libros Uno para aprender a perder 25/30

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#30 Libros Uno para aprender a perder 25/30

 Mi historia personal con Tokio Blues de Haruki Murakami, empezo como una historia de múltiples ganancias, conocer y hacer “mío” a Murakami fue una de las mejores cosas que me pudo pasar, este libro llega a mis manos como un préstamo de un hombre “super especial” al que me encontré en cada página del libro y que de alguna manera también hice “mío”. Al poco tiempo, un acontecimiento que me hirió mucho, me hizo darme cuenta de que ese hombre “super especial” no era más que un hombre y me enoje a muerte con él, y en consecuencia, me enoje con Murakami por ser complice de esa traición…

Con el paso del tiempo, que a final de cuentas sana todas las heridas, perdone la traición, entendiendo que lo que había pasado no lo podía cambiar, y que, pasaba la página y seguía adelante o me dedicaba a lamerme la herida y hacerla sangrar cada vez que la recordaba, perdone al hombre y decidí reconciliarme con Murakami, para eso releí Tokio Blues; ya sin el furor y la emoción que traen consigo “el amor empezando”; volví a hacerlo mío.

En algún lugar leí que se podía clasificar aTokio Blues en el grupo al que pertenece : el de los libros que habría que leer cada vez que olvidamos cuáles son las cosas importantes de la vida”; siempre he dicho que todos las historias son al final de cuentas una historia de amor; pero esta particular historia de amor me dejo como enseñanza que las personas pasan, que la muerte es lo más seguro que tenemos y que la vida es tan efímera que no podemos dejar pasar ningún momento.

Algunas cosas alrededor de Tokio Blues me hicieron más desconfiada de lo que soy, no me es fácil confiar en las personas, pero con este libro aprendí que “El amor es eterno pero las personas no” así que hay que disfrutarla mientras dure; aprendí que hay historias de amor inclusas, que son maravillosas y que aún amando “el recuerdo de alguien” te puedes volver a enamorar y eso no significa que te olvidaste de ese amor que simplemente no fue.

Es un libro con mucho drama, absolutamente desgarrador, es el libro perfecto para aprender a perder…

No siento dolor. Únicamente el sonido hueco que acompaña cada patada. Pero también este eco se apagará algún día. Como se ha ido borrando, inexorablemente, lo demás.

Tokio Blues. H. Murakami